Dia del Temblor de Cinchona.
Por Sheiz Picado.
Era un jueves normal, me levante temprano para ir a trabajar y llegar temprano porque ya estaba sentenciada por las tardías, y luego en la tarde me tocaba ir a la universidad. Sin muchas ganas y casi dormida me aliste, desayune muy delicioso gracias a mi mamita porque si dependiera de mi no desayuno porque no me da tiempo, y como de costumbre salí corriendo a tomar el bus, como es de suponer claro que el bus me dejo botada, parece que todos los choferes tienen un complot contra mí porque todos me ven corriendo peligrando caerme por los tacones pero ninguno hace como esperarme, ¡odio estos momento de la mañana!Ya en mi trabajo inicie con las labores del día, a las once y treinta salí a almorzar con mis compañeros, durante la comida estuvimos hablando de los sucesos que habían estado sucediendo en la semana, porque aclaro que teníamos varios dias de estar sintiendo temblores pequeños, así que debatíamos que podría ser causa del clima entre otros, comentábamos cuanto miedo le teníamos a los temblores y cuál había sido nuestra reacción en eventos pasados o como reaccionaríamos en el futuro.
Pasadas las doce del día regrese a mis labores no con muchas ganas porque estaba llena, me encontraba en el segundo piso del edificio, sentada en mi cubículo de trabajo atendiendo llamadas de servicio al cliente, como es de costumbre tenía una cliente en línea a la cual atendía. De pronto la señora al otro lado del teléfono empezó a gritarme que estaba temblando no me había dado cuenta hasta ese momento que mi silla se movía muy fuerte, las cosas de mi escritorio se caían, y mis compañeros gritaban y corrían, y la señora seguía al otro lado del teléfono, no sé porque no colgó hubiese sido normal, aunque bueno yo tampoco lo hice hasta que la escuche que aun me hablaba, con calma no sé de donde le dije que debía dejarla porque la alarme del edificio estaba sonando y debíamos evacuar, terminé la llamada, pero en ese momento el movimiento del temblor era demasiado fuerte, más de lo que nunca había sentido.
Observe a mi alrededor y en cuestión de segundos vi la desesperación de mis compañeros, una amiga tenía un auricular en la mano y lo golpeaba contra el teléfono y gritaba con pánico pero no se movía para levantarse, otro compañero a cargo de una embarazada en caso de accidentes salió corriendo y la dejó botada, mi supervisor nos llamaba, las rejillas que tapan las lámparas del techo empezaron a caerse, y yo que estaba muerta de miedo en medio de las salidas ya atascadas vi que la seguridad estaba debajo de la mesa de mi escritorio, no había alcanzado a meterme cuando me compañero Fabián ya estaba adentro conmigo, solo que esa seguridad no duro mucho, pues uno de los supervisores que iban saliendo nos vieron y nos sacaron.
Ya afuera del edificio, todos estábamos aglomerados en el parqueo como pollitos asustados, algunos callados, otros temblando o llorando y yo casi en shock solo quería llamar a mi casa pero era lógico que no se podía las líneas estaban saturadas saturado. Poco después nos hicieron entrar al edificio, y no para recoger nuestros artículos e irnos a la casa, sino para seguir trabajando, esa fue la peor de las noticias casi un segundo susto, pero donde manda capitán no manda marinero.
Durante la tarde y hasta el final de la jornada no se hablo de otra cosa más que del temblor, sus destrozos en el edificio y todas nuestras reacciones. Pero fue aun más dramático horas después, al poder estar sentado frente al televisor y ver las noticias y avances en vivo de lo que estaba viviendo en Cinchona y sus alrededores, de saber que el desastre había cobrado muchas vidas y dejado sin sus bienes a muchos otros. Son imágenes que dos años y ocho meses después no se borran de la mente de quienes lo vimos, ni del corazón de quienes lo vivieron.
Cuando llegue a mi casa como a las 4 de la tarde me tenían una sorpresa, mi televisor pantalla plana de 32 pulgadas que había comprado en diciembre como mi regalo de navidad, televisor que solo tenía un mes de haberse comprado y que aun debía a Gallo porque lo saque a crédito, estaba en el suelo, mi mama por miedo a empeorar las cosas lo dejo tirado tal y como estaba desde que tembló, que pesarme dio, quería llorar, casi ni lo había disfrutado y ahora me tocaba pagar algo que no tenia.
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